Pliegos

UNA IGLESIA ‘EXCÉNTRICA’ PARA EL SIGLO XXI

La eclesiología conciliar de Lumen Gentium

En su primer mensaje radiofónico del 17 de octubre de 1978, al día siguiente de ser elegido Papa, Juan Pablo II se refería a la constitución sobre la Iglesia en estos términos: “Es necesario que tomemos de nuevo en  las manos la magna charta del Concilio, es decir, la constitución dogmática Lumen Gentium para que meditemos con renovado y reforzado afán sobre la naturaleza y misión de la Iglesia”.

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MIS VIVENCIAS EN EL MONASTERIO DE SILOS

Antonio Gil Moreno
Sacerdote y periodista

La Cuaresma que acabamos de empezar es un tiempo propicio para ahondar en nuestra búsqueda de Dios, y no pocos –creyentes y no creyentes– deciden hacerlo retirándose a un monasterio, donde por unos días participan
de la vida de trabajo y oración de los monjes. Estas páginas recogen
la experiencia del autor meses atrás en Santo Domingo de Silos, cuando, compartiendo cantos, rezos y charlas con la comunidad, descubrió que
“el silencio monacal no es ausencia de ruidos, sino voluntad de escucha”. Porque solo así, de vuelta a la verdad de la propia vida, uno entiende que
el único obstáculo para abrirse a la trascendencia está dentro de cada cual.

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HACIA EL NUEVO CONCILIO

Una nueva hermenéutica del kerigma cristiano en el mundo moderno

Un cambio viable y necesario

Proponer un nuevo concilio, ¿no es excesivamente arriesgado? ¿Se trata de una propuesta viable, hoy posible y conveniente para la Iglesia?¿Qué argumentos avalarían un nuevo concilio? Se habrán hecho preguntas similares quienes hayan visto o hayan oído hablar de mi libro Hacia el Nuevo Concilio. El paradigma de la modernidad en la Era de la Ciencia (San Pablo, Madrid, 2010).
En este complejo ensayo he defendido que el nuevo concilio no solo sería viable y conveniente para la Iglesia, sino que incluso sería necesario. Soy consciente, sin embargo, de que se trata de una reflexión muy densa, que exige lo que, aludiendo a Hegel, he llamado el “esfuerzo del concepto”.

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Las difíciles relaciones entre creyentes y científicos

El problema no es entre la fe y la ciencia sino entre creyentes y científicos

Se preguntaba el Papa Benedicto XVI al mirar las bombas como producto de la razón: ¿No habría que poner a la razón bajo observación? ¿No deberían circunscribirse recíprocamente y mostrarse la una a la otra, la razón y la fe, los respectivos cauces y ayudarse a encontrar el camino? Yo hablaría de la correlación necesaria entre razón y fe, entre razón y religión que están llamadas a depurarse recíprocamente, que se necesitan mutuamente y deben reconocerlo”.

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RELIGIÓN, VIOLENCIA Y DIÁLOGO

 Diez años después del 11-S

Francesc-Xavier Marín i Torné Profesor de la Universidad Ramon Llull y miembro del Consejo Asesor para la Diversidad Religiosa de la Generalitat de Cataluña

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CONCIENCIA, RENOVACIÓN Y DIÁLOGO EN LA IGLESIA

En la ciudad de Brescia (en el norte de Italia) se encuentra el Instituto Pablo VI, un centro de recogida de datos sobre la persona del papa Montini. En Brescia se respiran aires montinianos por todas partes. Brescia, como se sabe, es la patria norteña de Pablo VI, donde él nació y recibió su formación juvenil. Aunque, para ser más exactos, él nació a ocho kilómetros de Brescia, en el pueblo de veraneo de sus padres, Concesio.
Pues bien, a la ciudad de Brescia se dirigía, el domingo 8 de noviembre de 2009, el papa Benedicto XVI para honrar la figura de este gran Papa que fue Giovanni Battista Montini. En la plaza llamada así, de ‘Pablo VI’, en el atrio de la catedral, bajo una lluvia intensa y un cielo gris, el papa Ratzinger, a quien precisamente Montini en su momento había ordenado obispo, se refirió a él como un “apasionado de la Iglesia”.
Es verdad. Si por algo se puede resumir la vida de Pablo VI, es por esto mismo: por haber sido “un apasionado de la Iglesia”. Recogía en este contexto Benedicto XVI una cita del propio papa Montini: “Podría decir que siempre he amado a la Iglesia (…), y que por ella, no por otra cosa, me parece haber vivido. Pero quisiera que la Iglesia lo supiera”.
“¿Qué se puede añadir a palabras tan altas e intensas?”, decía el papa Ratzinger en Brescia. “Solo quisiera subrayar esta última visión de la Iglesia pobre y libre (…)”, añadía el Papa actual. Y decía también: “Pablo VI dedicó todas sus energías al servicio de la Iglesia, siendo lo más conforme posible a su Señor Jesucristo, de modo que, al encontrarla, el hombre contemporáneo pudiera encontrar a Jesús, porque de Él tiene necesidad absoluta”.
Conciencia, renovación, diálogo: estas son las tres palabras claves, elegidas por Pablo VI para expresar sus “pensamientos dominantes” –como él los define– al comenzar su ministerio. Las tres palabras tienen que ver con
la Iglesia: toma de conciencia de lo que ya es la Iglesia (y de lo que está llamada a ser con más empeño); renovación  y reforma permanentes, promovidas por el Concilio (en el que él tuvo desde el principio de su ministerio puestos los ojos); y diálogo (ad intra y ad extra) o “coloquio”, tal y como él llama al diálogo. La palabra “coloquio” introduce un matiz familiar y cercano, importante, porque es muy difícil dialogar desde fuera. Estos son, precisamente, los tres grandes capítulos de la encíclica Ecclesiam Suam, su primera encíclica programática, aparecida en el Ferragosto romano de 1964, con un tema único: los “caminos de la Iglesia”3. Y estas son, también, las tres grandes líneas de fuerza que compendian el primer gran discurso que el papa Montini dirige a la asamblea conciliar (y al mundo entero) en la solemne apertura de la segunda sesión del Vaticano II, casi un año antes de que apareciera la encíclica. El documento papal ve la luz un 6 de agosto de 1964. Y la apertura de la segunda sesión conciliar fue un 29 de septiembre de 1963 (casi un año antes). Se pueden poner en paralelo para ver las coincidencias, no casuales, entre la encíclica y el trascendental discurso de apertura de la segunda sesión del Concilio, solo tres meses después de la elección de Montini como papa4. Todo un programa pastoral. En torno a estos tres quicios (conciencia de lo que está llamada a ser la Iglesia, renovación y diálogo) quisiera yo que girara este Pliego de Vida Nueva. ¿En qué momento de estas tres grandes propuestas (“conciencia eclesial”, “renovación o reforma eclesiales” y “diálogo ad intra y ad extra” nos encontramos hoy día? ¿Qué tareas, a mi juicio, quedan pendientes todavía después del Vaticano II?
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ANUNCIAR AL DIOS VIVO EN UNA SOCIEDAD SECULARIZADA

Vicente Vide
Decano de la Facultad de Teología de la Universidad de Deusto

Nuestra sociedad secularizada puede y deber ser un nuevo areópago para anunciar al Dios vivo, ese Dios desconocido hoy por muchos pero que constituye el sentido último, pleno y definitivo de la vida. Estas páginas nos recuerdan que en Dios encuentran sentido a sus vidas los últimos de la sociedad y de la historia, porque solo Él les ofrece lo que más les conviene para vivir como personas en plenitud. Por todo ello, más que una amenaza,
el contexto actual de secularización se presenta como un desafío, la oportunidad para una nueva evangelización.
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UNA ‘VIDA NUEVA’ CON VOZ PROPIA EN MÉXICO

Tras la edición de Colombia, la revista prosigue su expansión por América Latina

 

Se preguntaba el Papa Benedicto XVI al mirar las bombas como producto de la razón: ¿No habría que poner a la razón bajo observación? ¿No deberían circunscribirse recíprocamente y mostrarse la una a la otra, la razón y la fe, los respectivos cauces y ayudarse a encontrar el camino? Yo hablaría de la correlación necesaria entre razón y fe, entre razón y religión que están llamadas a depurarse recíprocamente, que se necesitan mutuamente y deben reconocerlo”.

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Mitad ángeles mitad demonios

Óscar A. Elizalde Prada

Docente – Investigador, Universidad de La Salle

“Considero que el arte, además de comunicar algo, en la medida de lo posible debe tener un contexto estético que permita penetrarlo sin generar rechazo” (Mauricio Vélez).

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20 AÑOS DESPUÉS DE SU MUERTE ARRUPE VIVE

Fe, profetismo y compromiso

El pasado 5 de febrero, se cumplieron veinte años de la muerte de Pedro Arrupe, aquel vasco universal que rigió los destinos de la Compañía de Jesús durante casi dos décadas. En torno a estas fechas, un 22 de mayo de 1965, recibió en Roma el encargo de sus hermanos de guiar a la orden por la desafiante travesía del posconcilio. Fueron tiempos inciertos, pero creativos, en los que el “papa negro” trató de conciliar su fidelidad a la Santa Sede con un profetismo que le condujo al compromiso por la liberación de los últimos de este mundo. Hoy su testimonio sigue tan vivo como entonces, interpelando, iluminando y entusiasmando, como referente para la Iglesia del futuro.

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