Cambios de lenguaje en la Iglesia
En la Iglesia se está hablando un lenguaje nuevo, y esto no tiene por qué sorprender a nadie.
En la Iglesia se está hablando un lenguaje nuevo, y esto no tiene por qué sorprender a nadie.
Después de leer las explicaciones de un profesor al dejar su cátedra en la facultad de periodismo-comunicación, me he puesto a pensar, no tanto en los candidatos a periodistas o a comunicadores, sino en todas esas personas que hoy habitan ese planeta nuevo de lo digital. Parece herético preguntarlo, pero no puedo dejar de hacerlo: ¿comunican los nuevos medios de comunicación? ¿Logran unir y hacer comunidades las redes sociales?
Recuerdo hoy mi primer encuentro con este hombre, a la entrada del seminario Palafoxiano en Puebla, México, donde se reunía la III Asamblea de los obispos latinoamericanos. Los periodistas acreditados ante el CELAM llevábamos el nombre de monseñor Oscar Arnulfo Romero en nuestras agendas, como un objetivo de trabajo. Una mañana, durante el receso, lo tuvimos ahí, al alcance de nuestras cámaras y micrófonos.
De los crímenes contra las mujeres se dice que son aterradores, escalofriantes, crueles, demenciales, cobardes, conmovedores, asqueantes e indignantes. Son adjetivos que hacen parte del arsenal verbal de los periodistas y mentalmente los he repasado para lograr una expresión de mis sentimientos ante las cifras publicadas por cuatro ONG que emprendieron una investigación sobre el fenómeno. Al final creo tener el adjetivo que expresa mis sentimientos ante ese hecho que tan fríamente describen las cifras: es un sentimiento de vergüenza que me lleva a preguntar: ¿qué clase de sociedad es la que produce hechos tan vergonzosos?
La película de Mel Gibson sobre la pasión entusiasmó a Juan Pablo II, a muchas almas piadosas y a los televidentes de noticieros, por motivos distintos, claro.
Hubo un silencio de pasmo cuando se conoció la inesperada conclusión de las investigaciones de la fiscalía, sobre la muerte violenta de los sacerdotes Rafael Reátiga y Richard Piffano en enero de 2011.
La película comienza con la imagen que se obtiene desde un helicóptero que recorre, unos extensos, casi interminables trechos de selva. Es una tupida, impenetrable alfombra vegetal que crea la percepción de que ahí debe bullir una realidad invisible. El locutor, siempre sobrio y preciso, dice que bajo esa superficie verde, arde una guerra.
Los lectores de la revista Time que a fines de 1999 recibieron su ejemplar con una imagen de la Vírgen María en la portada, quedaron desconcertados. Por esa influyente carátula había pasado toda clase de personajes y de fenómenos: políticos, empresarios, deportistas, intelectuales, científicos, jefes de estado, actores, catástrofes, celebraciones, pero nunca la Vírgen María.
En la encuesta nacional de Demografía y Salud publicada en el mes de marzo, hubo un resultado que apenas si fue registrado: el alto porcentaje de niños no deseados.
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